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LA  HISTORIA DE PINKY Y KARINA

Mi esposo y yo queríamos adoptar un perro, siempre nos ha gustado ayudarlos y agradezco mucho la labor de los refugios, por eso adoptamos en Omeyocan a Pinky, una perrita de 12 años.

Buscábamos ayudar a un perro que tuviera menos probabilidades de ser adoptado, porque normalmente la gente adopta a los más jóvenes. Pinky era muy miedosa al principio, pero fue recibida con mucho amor y poco a poco fue adquiriendo seguridad. Por su edad, es muy tranquila, fue fácil enseñarle a hacer pipí en su tapete y se adaptó a nuestra rutina.

Después de 2 años adoptamos a Karina, una perrita de 5 años, que es muy cariñosa, súper obediente e inteligente, también ha sido fácil educarla, sólo es cuestión de paciencia y de constancia.


Las dos son mis amores, mi vida es más feliz con ellas ❤️

                                                                   Marisela

 

TESTIMONIOS E HISTORIAS DE ÉXITO

FERNÁN, IRIS Y OPPI

Nuestro proceso de adopción ocurrió en octubre del 2018, fue inesperado, paciente y lleno de amor.

Conocimos a Omeyocan por medio de las redes sociales, asistimos a un voluntariado y tuvimos una experiencia muy feliz. Aunque me prometí que no tendríamos otro peludo (tenía poco la muerte de nuestro querido Mänchen, que nos regaló mas de 10 años) mi corazón no pudo resistir las inmensas ganas de llevarnos a casa a uno de esos pequeños.

Nos acercamos a Jess, quien resultó ser una bella persona, entregada a su labor de proteger y amar a los animales. Le contamos nuestra historia y que nos encantaría adoptar a un pequeño. Ella fue directamente por Oppi y nos sugirió amablemente que fuera él a quien diéramos la oportunidad.

El pequeño llevaba meses con ellos, pero a pesar del gran esfuerzo que habían hecho por sanar su piel, estaba tan deprimido que no lograban sacarlo adelante. Oppi tenía visibles problemas de piel, pero sobre todo una tristeza profunda.

Quizá fue eso lo que nos motivó a darnos la oportunidad de curarlo y cuidar de él. Después de un largo trabajo en equipo y constancia, nos llevamos la grata sorpresa de ver a un Oppi sano, pero sobre todo feliz como siempre mereció ser.

Desde entonces Oppi nos ha regalado momentos llenos de amor y alegría.

Pensábamos que éramos nosotros lo que le cambiaríamos la vida, pero resultó ser él quien nos cambió: su compañía nos volvió más felices, pacientes y cariñosos.

 
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Iliana, Jair y Jali (antes Colocha)

Durante varios años fui testigo de la hermosa labor y el gran esfuerzo que hace el refugio Omeyocan en pro de los peludos en situación de calle.

Cada voluntariado que asistía me enamoraba de algún lindo omeyocano y me sorprendía su capacidad de amar y agradecer a pesar de la crueldad que alguna vez habían vivido.

Después de un tiempo tuve la oportunidad de adoptar a mi amigo especial. Sin pensarlo dos veces acudí a ese lugar del que tantas veces me había ido con unas ganas inmensas de darle hogar a un peludito.

Y así fue como Colocha, ahora Jali, llegó a nuestras vidas y se robó mi corazón y el de mi esposo.

Adoptarla sin duda nos ha hecho muy felices, ver su carita de alegría al tener una camita, un plato de comida, al correr por la pelota cientos de veces y al vernos regresar a casa, es una sensación única.

Definitivamente nuestro hogar no sería el mismo sin ella. Adoptar no sólo cambia la vida del afortunado peludito, sino la de aquel que decide darle una familia.

 
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